sábado, 3 de mayo de 2014

Mis Converse de leopardo

Antes de sospechar que el “animal print” lo estaba petando esta temporada (empecé a olerme la tostada cuando vi leopardo hasta en trapos para la cocina) fue cuando me enamoré de mis primeras Converse.
En octubre yo aún no tenía idea de las tendencias de temporada, modas, fads o como se las quiera llamar, no tenía ni idea de que el animal print iba a ser prácticamente un básico, en serio que no. Fue antes de todo esto cuando yo, una tarde, me puse manos a la obra en busca de las Converse que aunaran más “Bes” (Buenas, bonitas y baratas) de todo el ciberespacio (¿Por qué unas Converse? Para saber más pásate por aquí),  aunque empecé y acabé en eBay, porque me daba un poco de pereza ponerme a investigar en el ciberespacio entero, la verdad. Y así, buscando buscando, guardando en seguimientos, comparando precios gastos de envío incluidos y descartando las que valían un huevo de pato acabé teniendo sólo dos pares en la lista. Casualmente dos con animal print, unas de leopardo color leopardo justamente , y otras de leopardo en rosa pastel y gris.

Leopardo… el leopardo me gusta en su justa medida y porque me parece muy rockero ochentero, pero se me olvida que en las manos equivocadas (las más) puede transformarse en el colmo del chonismo (o chonerío). Después de devanarme los sesos tomé la decisión de comprar las de leopardo color leopardo, valga la redundancia, por eso de que los tonos marrones son más combinables y tal, pero sin olvidarnos de que no dejan de ser unas Converse de leopardo. ¿He mencionado antes que eran de leopardo? Por si no lo he hecho lo digo ahora, eran de leopardo. Jajaja.

Y en un último arrebato las compré, porque era el último par y algo me decía que si las dejaba escapar iba a tener pesadillas en las que vendrían a por mí para llevarme con ellas al infierno.
(Mis queridas Converse)



Por aquel entonces yo sólo tenía en mente lo rockeras que eran, entre el look punk y el glam, eran lo más, no podía dejar de mirarme los pies, era casi enfermizo. Estaba enamorada de mis Converse, en una nube de la que bajé de golpe y porrazo casi descalabrándome por el camino. ¿Qué sucedió? La choni más choni de las chonis que conozco, y después la segunda y más tarde la tercera (de una larga lista que vino después, al fin y al cabo soy profe y me enfrento a hordas de chonis a diario) dijo, a voz en grito al más puro estilo omaíta: “¡Me gustan tus zapatillas!”

Ahí me di cuenta de que a mí me parecerían rockeras y lo que tú quieras, pero para ellas eran chonísimas (mix de chonis y monísimas). Pero no importa, ahora tengo a mis chonis locas con las zapatillas, me he convertido en alguien muy guay (me da la risa sólo de pensar que uno puede ser guay, o no, dependiendo de los zapatos que lleve puestos) y para mí estas zapatillas siempre serán especiales, siempre serán las más rockeras y las chonis que piensen lo que quieran.


My Converse Rock!

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