martes, 22 de julio de 2014

Reflexiones de Miss Pompis vol.1

En nuestro país, y el los países vecinos, y en casi todos me atrevería a decir, hay una presencia importante de mujeres con un trasero a tener en cuenta. Mujeres de caderas anchas, trasero generoso y muslos a juego con el conjunto. No me refiero ni siquiera a mujeres de tallas especiales, no. Somos muchas las que estamos en la media, como las que se ven a millones por las calles de cualquier sitio.

Vivan las redondeces, hombre!
Obviar que existen mujeres con caderas sería como ir por la vida con los ojos vendados, y aún así parece que hay grandes multinacionales de la industria textil que pasan de nosotras como si no tuviésemos derecho a vestirnos. Así es. Bueno, a vestirnos de cintura para abajo y a ponernos vaqueros más concretamente.

A las mujeres con un trasero generoso los talles bajos no nos suelen hacer un favor, porque si con suerte conseguimos meternos en un pantalón de esos sin que quede nada fuera, no podemos ni pensar en sentarnos, o dejaremos de tener secretos para nadie. Además siempre puede haber algún graciosillo que aproveche la coyuntura para echarnos una monedita en la hucha. Entonces... ¿por qué esa obsesión con poblar las tiendas de talles bajos sin ofrecer alternativas? ¿Por qué cuando hay alternativas no las hay de nuestra talla, con la faltita que nos hacen?

En Zara yo ya ni entro, porque salgo siempre con un sentimiento de entre depresión e ira, tras intentar meterme un pantalón de la 42 que con suerte encuentro en alguna percha y fracasar estrepitosamente en el intento (y me niego a tener que vestirme con ropa de "señora" con lo cual a esa parte ni voy). En Bershka tampoco, porque pasa igual con las tallas y encima la calidad de la ropa deja mucho que desear. En Stradivarius tampoco porque aunque a veces he encontrado alguna falda decente, el ambientador tan fuerte que echan en todas las tiendas me impide cruzar el umbral y durar más de 5 minutos sin tener ganas de echar el desayuno/almuerzo/merienda (elegir opción según la hora a la que me aventure a entrar). He acabado por no entrar a ninguna tienda del grupo Inditex, porque además me da mucho coraje que luego la gente lleve los modelitos de estas tiendas como si de uniformes se tratase. Pero no es sólo Inditex, a los de Mango al parecer tampoco debemos caerles demasiado bien.

Menos mal que hay marcas que sí nos tienen en cuenta, y siempre puede una confiar en encontrar unos vaqueros en el Corte Inglés (no soy gran fan de la cadena pero no tengo muchas más opciones, que yo conozca, para comprarme vaqueros de una cierta calidad y en los que quepa), o Primark (me encantan los pantalones de colores, aunque son finitos y se desgastan un poco pronto con el roce de los muslos, pero por 10€ poco más podemos pedir encima de que podemos elegir entre multitud de colores). Éstas son las que yo uso habitualmente, aunque seguro que hay más. ¡Menos mal que no todo es Inditex!

¿Dónde compráis vosotr@s los pantalones?
¿Soléis tener problemas con las tallas?
¿Cuál es vuestra marca preferida?

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domingo, 20 de julio de 2014

Infusiones en frío, mi nueva obsesión.

Las infusiones me encantan, me hacen estar bien hidratada y son menos aburridas que el agua pelá y mondá. En invierno son muy agradables porque están calentitas y a mí personalmente me encanta agarrar bien la taza y notar cómo mis manos dejan de estar como dos témpanos de hielo para volver a tener temperatura de mamífero de sangre caliente. Pero donde vivo el frío dura poco, con lo que el tiempo de las infusiones invernales dura un suspiro. Y es una pena, oiga, ¡con lo que a mí me gustan!

En más de una ocasión he pensado en hacer una jarra de té frío, pero una jarra es una barbaridad porque me la tendría que beber yo sola y al día yo de dos tazas no suelo pasar. Entonces descubrí los paquetitos de té Hornimans para hacer en frío. Así, directamente, agua muy fría, bolsita, y al rato tienes una bebida sana y bien fresquita para disfrutar cuando más te apetezca. Compré dos paquetes, uno de cada (en la tienda sólo había dos sabores, pero investigando por el ciberespacio he descubierto que hay un tercero), y me decidí a comprobar cómo estaba aquello, si el resultado sería tan bueno como esperaba que fuese, ¡y la verdad es que no estaba nada mal! Sólo llegué a acabar el paquete del de limón, porque mi querida Phoebe (mi perra) decidió probar el paquete de frambuesa e hibisco pero de otra forma. las infusiones no van con ella, prefirió comérselo que así se aprovecha más la sustancia. De todas formas y a pesar de la trastada tuve tiempo de comprobar que se podía infusionar en agua fría y eso hizo que se abriera ante mí un mundo lleno de posibilidades.

Desde que comprobé que lo de infusionar en frío funcionaba no he parado de probar brebajes. Agua mineral sin y con gas también (con gas le da un toque diferente, más de refresco, y ni que decir tiene que mil veces más sano), con infusiones de frutas solamente o de mezcla de té verde y frutas, con su rodajita de limón o sin ella. Me queda probar qué tal quedarían con gaseosa, ¡quizás sea un invento! Pero por ahora lo voy a dejar aquí que me está dando sed y creo que me voy a preparar una infusión de piña colada bien fresquita.


Y a vosotr@s

¿Os gustan las infusiones?
¿Habéis probado ya alguna infusión en frío?
¿Cuáles son vuestras infusiones favoritas?



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martes, 15 de julio de 2014

Pellizcos de monja

No soy para nada partidaria de la violencia, pero a veces creo que en su justa medida es la solución a futuros males mayores. Algunos niños necesitan al menos un buen pellizco de monja para su correcto desarrollo y futura transformación en ciudadanos de pro. Tras soltar una imprudencia por la boquita que pone a sus padres en vergüenza (si es que la tienen, empecemos por ahí), tras poner su propia integridad física o la de otro en peligro con el consiguiente susto de muerte para sus progenitores o los progenitores de la víctima, tras liarla parda en el súper abriendo paquetes de cosas, metiéndolo todo en el carro porque le apetece o montando un espectáculo porque quiere un huevo Kinder (tres posibilidades de entre una lista quasi infinita, el súper da para mucho). Tras todo eso un pellizquito es mano de santo.




Y es que hoy en día la gente parece tener un miedo atroz a tocar a los niños, en la calle por el qué dirán (supongo) y en casa ni idea de por qué, igual les da pereza o algo. Luego pasa lo que pasa, y es que los niños se suben a la chepa, pasan a ser adolescentes subidos a la chepa y al final vienen los lamentos y el típico "¿qué he hecho yo para merecer ésto?". ¿La respuesta? Mejor pensar en qué no se hizo: no pegar un buen pellizco de monja a tiempo.


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sábado, 12 de julio de 2014

Pequeñas grandes cosas

A veces pienso y le doy vueltas a las cosas, a la vida y a todo lo que ésta incluye y al final llego a una serie de conclusiones. Me gusta pensar que soy una especie de filósofa, a mi manera, ¡y mira que me gustaba poco la filosofía en el insti! Sobre todo cuando me tocaba estudiarme lo que pensaban unos señores que ya no se encuentran entre los vivos. A mí me interesa lo que yo pienso y lo que piensa otra gente educada y culta con la que poder conversar. Y lo de educada y culta lo digo porque me gusta conversar, no discutir cayendo en las descalificaciones y los gritos, y con gente sin cultura ni educación pues es complicado (por no decir que es gente que tampoco se molesta en pensar mucho con lo cual tampoco tienen mucho que aportar a la conversación). Y no hacen falta ocho carreras universitarias, ni siquiera una, sólo lo anteriormente mencionado: cultura y educación.

En fin, prosigo que ve voy por las ramas!

A veces pienso, aunque eso ya lo he dicho, y una de esas conclusiones a las que llegué es que la vida está llena de pequeñas grandes cosas que hacen que todo sea más divertido, agradable, interesante, bonito y en suma mejor.

Estoy firmemente convencida de que todos tenemos nuestras pequeñas cosas, pero sólo son plenamente felices aquellos que son capaces de identificarlas y darles el valor que merecen. Una taza de café recién molido,

el tacto suave de un jersey calentito en invierno, una siesta en el sofá, escuchar nuestra canción favorita, tumbarse al solecito en la playa a leer un buen libro,pegarse un chapuzón cuando el calor aprieta, tomar algo rodeado de buenos amigos, la familia, esa persona que siempre está contigo en lo bueno y sobre todo en lo malo, los lametones mañaneros de tus perretes, 

Mirad qué carita se gasta mi Nero, jaja, para comérselo! 


dormir hasta tarde el fin de semana, ese vestido tan precioso que te alegra un día gris, una taza con una infusión calentita cuando tienes las manos congeladas... 



esas son algunas de mis pequeñas grandes cosas, pero son tantas que no cabrían aquí, y seguro que no podría acordarme de todas, y lo mejor: hay tantas por descubrir! Eso es lo más genial de todo, esas pequeñas grandes cosas a veces son nuevas y totalmente inesperadas.

Seguro que todos tenéis las vuestras, y si pensáis que no cerrad los ojos y pensad en aquello que os hace sentir bien, que os reconforta y os llena de felicidad aunque sólo sea por unos instantes. Esas son, anotadlas, que no se os olviden porque son las que hacen que en vuestro interior brille el sol aunque el cielo esté lleno de nubes.


¿Cuáles son vuestras pequeñas grandes cosas? 


¿Qué os hace felices?


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miércoles, 9 de julio de 2014

Frente al sol, crema solar, natural!

Hace tiempo que me intereso por los productos de cosmética natural y que sigo el blog de MISS BIO, es de lo más interesante y se lo recomiendo a todos los que tengan inquietudes sobre este tema. Hoy ha publicado un post a propósito de los protectores solares (aquí el post en cuestión), y me ha convencido absolutamente! He decidido probar la crema solar de Green People.



No tenía ni idea de lo que eran las nanopartículas, aún estoy un poco verde en estas cosas (verde, jeje, qué chispa tengo), me queda taaaanto por aprender... pero desde luego me quedo muchísimo más tranquila sabiendo que a partir de ahora voy a usar un protector solar que recubre las nanopartículas para que no anden libremente por mi cuerpo jodiendo la marrana fastidiándolo todo. Me paso al solar verde.

He hecho mi compra en Cocunat, por tu primera compra tienes un 5% de descuento, los solares tienen un 10% y a partir de 50€ de compra te hacen un regalito y hacen una donación a la fundación Sandra Ibarra de apoyo contra el cáncer. Bueno, por cada compra superior a 50€ se destina 1€ pero menos da una piedra y ya es más de lo que hacen muchas empresas. Los precios, al menos de los productos que yo he comprado, son los mismos que en otras webs que he consultado, aunque en ésta tenemos esos descuentos adicionales que nos reducen un poquito el importe del carrito. Ah! Y gastos de envío gratis a partir de 35€.

Nada, nada, no hay excusa para no embadurnarse de Green y tumbarnos al sol a la bartola.


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martes, 8 de julio de 2014

Mens sana in corpore sano

Ya lo decían los romanos, eso de "mens sana in corpore sano", y hay que ver lo fácil que es decirlo y lo complicado que resulta llevarlo a la práctica.

A mí me resulta terriblemente difícil cumplir la parte de lo del "corpore", porque aunque intento tener una dieta equilibrada y variada y beber mucha agua e infusiones, hacer deporte se me hace bastante cuesta arriba. Pero este verano me he hecho a mí misma una promesa, y es que voy a poner mi cuerpo a la altura de mi mente, o por lo menos salvar la abismal diferencia que existe a día de hoy. A ser fuerte toca, a desempolvar mi Mp3 lleno de mis "songs to run" y a la de una, a la de dos y a la de...ya!



Os iré poniendo al día sobre mis progresos porque confío en que los habrá y que poco a poco me acercaré a la Isabella versión 2.0.

Hoy os dejo con una de esas "songs to run", un topicazo, lo sé! Pero sigue motivando por más décadas que pasen.


Eye of the tiger - Survivor

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miércoles, 2 de julio de 2014

¿Bullies a mí? ¡Ja!

La adolescencia es una edad complicada por la que todos hemos pasado, y el que más y el que menos ha pasado por una etapa de patito feo que no resulta nada agradable y mucho menos fácil y sin embargo no puede uno evitar mirar atrás con nostalgia. Contradicciones del ser humano. Yo tengo recuerdos desagradables de "aquellos maravillosos años", pero también tengo historias y anécdotas geniales y amigas que hice por aquel entonces y que aún conservo y que son igualmente geniales. Ayer hablando con una amiga desempolvando historias de adolescencias pasadas recordé yo una...

Esas aulas de mobiliario verduzco, cuántas horas no he pasado y pasaré rodeada de ellas...


En los años de instituto no era ni la más guapa, ni la más popular ni la más nada, con lo cual no destacaba por nada en especial. Bueno sí, sacaba siempre dieces en inglés y eso parecía darle coraje a alguno. Alguno que iba a mi misma academia y al que no le lucían mucho las clases, ¿sería porque hacía los deberes en la puerta antes de entrar? Quizás. El caso es que el chaval en cuestión se tenía por guapo aunque a Dios pongo por testigo de que no lo era, juraba que era pelirrojo natural pero cada cierto tiempo todos le veíamos las raíces, no era simpático y le habría gustado ser el que más inglés sabía pero tuvo la mala suerte de tenerme en su clase.

Los días se sucedían y él no dejaba pasar la oportunidad de meterse conmigo repitiendo que tenía bigote (yo) y que a ver si me afeitaba. El pobre no tenía más argumento que ese, y no tenía la suficiente imaginación para inventarse otro así que se repetía más que la morcilla, animalito. Mi respuesta solía ser también la misma: "yo cuando quiera me quito el bigote, pero la cara que tú tienes tiene peor arreglo". Cuando podía lo evitaba, pero en clase de música no era nada fácil, porque nos colocaban por orden de lista e iba justo delante de mí, ¡qué suerte loca la mía! Y justo un día, y la culpa quizás fue mía por abusar de mi superioridad intelectual (no vamos a mentirnos, yo tenía más luces que él y las neuronas más espabiladas) y a alguna cosa que me dijo para que yo me sintiera mal yo le contesté dejándolo un poco por los suelos, y él era un poco gilipollas tonto pero de eso sí pareció darse cuenta, y de vuelta a nuestro aula habitual se me acercó y me preguntó que si antes me había estado cachondeando de él. Ya dije que era un poco tonto... Mi respuesta fue que no y que me dejara tranquila y en paz, pero lo que conseguí fue la amenaza de clavarme un portaminas con la punta de metal. Me dio tanto coraje que me amenazara que le dije que a ver si se atrevía. ¡y se atrevió! Me pinchó en el antebrazo, y yo estaba tan rabiosa que ni lo noté, así que aprovechando la coyuntura lo sonsaqué para que volviera a hacerlo y lo volvió a hacer, pobre tonto. Hasta cuatro veces. Lo que él no sospechaba era que mientras me pinchaba con su super portaminas yo estaba tramando un plan. Muahahah!!



Al entrar por la puerta el profesor, en esta ocasión de lengua, le enseñé mi antebrazo acribillado y le pedí permiso para bajar a ver al jefe de estudios acompañada por mi querida amiga Elena. Y allá que fuimos. Ella recuerda aquel día como la mejor actuación teatral en vivo que haya visto, pasando escaleras abajo de la rabia a la risa y de la risa al llanto desconsolado en cuanto crucé por la puerta del despacho del jefe de estudios. Hice un papel que habría merecido como mínimo una nominación al Oscar. A la jefa de estudios adjunta la convencí desde el primer momento, hasta me curó el brazo, y mandó a por mi némesis al conserje que más miedo daba. El conserje en cuestión era un ex militar como un armario empotrado con una voz de ultratumba que hacía que te cagaras de miedo entrara miedito aunque simplemente te diera los buenos días. Y allí que fue el hombre a por el pobre mequetrefe.

Esas mismas escaleras que yo bajé disfrutando del puro que le iban a meter las bajó él acongojado por esa misma cuestión. Tuvo una charla con el jefe de estudios y no volví a ver su "pelirroja" melena en una semana. Y a la vuelta, suave como un guante.

¿Bullies a mí? ¡Ja!

Yo tendría bigote, pero por desgracia para mi bully particular ni un sólo pelo de tonta.

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